Antonio Isa Conde carga culpa de la ruina dejada por la privatización de las Eddes

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Al final de su vida resulta un trago amargo su nombre .

Santo Domingo. De poco ha valido al país que Antonio Isa Conde recoja los méritos de su pasado de luchas populares y haya ocupado altos cargos gubernamentales si a sus 83 años carga un enorme peso de culpa por su papel decisivo en el desastroso negocio de privatización de las empresas de distribución eléctrica.

Esto implicó una serie de efectos colaterales que abarcaron una escala de desfalcos, daños y pérdidas generales incalculables del patrimonio público.

Bajo el amparo de Isa Conde, grandes intereses empresariales se fijaron la meta de apoderarse de la distribución de la energía eléctrica del país, reposeída por el Estado a final del Gobierno de Hipólito Mejía cuando fueron readquiridas las acciones de Edesur y Edenorte.

Antonio Isa Conde fue jefe del equipo que dirigió todo el proceso de privatización de las empresas públicas, siendo en la ocasión el director de la Comisión de Reforma de la Empresa Pública (CREP). Como agregado a esto, este mismo grupo asumió la dirección del Pacto Eléctrico, un hecho sin precedentes en el sector que dejó abiertas muchas interrogantes y sospechas.

El Pacto Eléctrico procuró la privatización de las aéreas del sector que no fueron tocadas por la Ley de Privatización que despojó al Estado y al pueblo de un patrimonio invaluable, y que solo agravó el problema.

Solo se beneficiaron los generadores privados a los que se les concedieron privilegios. Se privatizaron las líneas de transmisión, préstamos en el exterior y el porcentaje del Estado en las generadoras y distribuidoras de energía.

Parte del equipo del Pacto Eléctrico fue el mismo que dirigió el proceso de privatización de las empresas públicas, entre ellos Antonio Isa Conde, presidente de la Comisión de Reforma de la Empresa Pública (CREP).

Él elaboró un pobre argumento sobre las razones de privatización de las empresas del sector, indicando que se hizo por los altos niveles de subsidio que el Estado tenía que pagar a la Corporación Dominicana de Electricidad, que rondaban los RD$ 80 millones.

Con Isa Conde a la cabeza se privatizaron las distribuidoras, una operación que fue un rotundo fracaso, trayendo al recuerdo el escándalo de Unión Fenosa por sus escándalos de estafa contra el Estado, lo que dio paso a su recompra en 2003.

Todavía es más grave el hecho de que los mismos personajes que dirigieron el fracasado proceso de privatización pasaron dirigir el Pacto Eléctrico.

Cuando esos grupos pretendieron privatizar las hidroeléctricas, las líneas de transmisión y hasta las propias plantas de carbón construidas por el Estado, Isa Conde aplaudió, lo que le descarta de antemano frente a cualquier intento de identificarle como defensor de los intereses de la República.

El exministro de Energía y Minas utilizó argumentos vanos para apoyar el negocio de las Eddes, recurriendo al pretexto de una percepción en la población de que el gobierno era dispendioso, corrupto y generador de botellas.

Sus alegatos fueron los mismos empleados a finales de la década de los 90 cuando tuvo lugar la primera privatización, que nada bueno aportó, pero sí una mayor profundización de la pobreza eléctrica que todavía el país sigue sufriendo.

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